El ensayo se propone interpretar algunos principios del pensamiento de Maquiavelo a la luz de la filosofía de Benjamin. El tema del origen de la política constituye el hilo rojo de su argumentación. Un origen inmanente al devenir de la historia, que es el inicio absoluto de una época, que no está separada del tiempo, como su punto remoto e identificable, es decir, como una causa primera capaz de determinar su recorrido posterior, pero que se vincula con la idea de política absoluta elaborada por el secretario florentino: el actuar del conflicto y la libertad de la política, ambas expresiones de la autonomía de la política respecto de la moral, en la que se centran el Príncipe y los Discursos, y que el ensayo desarrolla hasta su punto de catástrofe histórica y teórica —la imposibilidad de la virtud de convertirse en Estado— en cuyo vórtice todo el orden se arruina. Pero es la vida póstuma de la obra de arte política, la supervivencia de lo antiguo —el descubrimiento que hizo Warburg mientras visitaba las salas del Renacimiento florentino, que tanto fascinó a Benjamin a pesar de su encuentro faltante— lo que trae la hora de la legibilidad de Maquiavelo en el umbral del pensamiento en el que, ante el juego de sus contradicciones, la política se desvanece como una imagen dialéctica antes de caer en la red del concepto. O, por decirlo mejor, son las tesis de la filosofía de la historia de Benjamin, la voluntad de desgarrar la idea de un continuum del tiempo en el lugar del presente en el que se construye la historia, su contingencia como el ahora en el que se encuentran diseminados fragmentos del tiempo mesiánico, o el gesto que reactiva en la obra la memoria de los olvidados, que les ofrece la posibilidad de redención y corresponde a la exigencia de justicia de una acción inconclusa que espera ser retomada, para entregarnos el poder de la llaves para entrar en las recámaras remotas “donde se engrasa y se pule” la política tanto de la tentación del conformismo como de cualquier identificación emotiva con la historia de los vencedores. He aquí una práctica común para constituir la vida como una forma de vida. La tarea de un sujeto histórico, pero también una operación a través de la cual el pasado que parecía en sí cerrado e inaccesible, en su representación muerta, vuelve a ponerse, para nosotros, en movimiento, vuelve a ser posible, virtuoso, efectivo, como figura en lugar de una máscara, para la que siempre de nuevo, la política se enfrenta al mundo histórico. Si el giro inicial es la correspondencia con Francesco Vettori, el broche final propiamente dicho concierne a los fragmentos mesiánicos esparcidos en la obra de Maquiavelo, a los que tiene derecho el pasado de los oprimidos, es decir, su idea de redención en la que resuena ineliminable, y sin retórica., la idea de la libertad de Italia. En el medio la comparación con los intérpretes cercanos y lejanos de la lección del secretario florentino de De Sanctis a Croce, de Gramsci a Leo Strauss, de Althusser a Foucault, de Gennaro Sasso a Roberto Esposito. Por no hablar del lenguaje y estilo del Príncipe, fenómeno del origen de la política moderna. (Abstract in Italiano): Il saggio si propone di interpretare alcuni motivi del pensiero di Machiavelli alla luce della filosofia di Benjamin. Il tema dell’origine della politica costituisce il filo rosso della sua argomentazione. Un’origine immanente al divenire della storia, che è inizio assoluto di un’epoca, che non è separata dal tempo, come un suo punto remoto e identificabile, cioè come una causa prima capace di determinare il percorso successivo, ma ha da fare con l’idea della politica assoluta elaborata dal segretario fiorentino: l’agire del conflitto e della libertà della politica, espressione entrambi dell’autonomia della politica dalla morale, che il Principe e i Discorsi mettono a tema, e che il saggio svolge fino al loro punto di catastrofe storica e teorica - l’impossibilità della virtù di farsi Stato - nel cui vortice ogni ordine rovina. Ma è la vita postuma dell’opera d’arte politica, la sopravvivenza dell’antico - la scoperta che Warburg fece visitando le stanze del Rinascimento fiorentino, che tanto appassionò Benjamin nonostante il loro incontro mancato – che reca l’ora della leggibilità del pensiero di Machiavelli sulla soglia del pensiero in cui, davanti al gioco delle sue contraddizioni, la politica guizza via come un’immagine dialettica prima di cadere nella rete del concetto. O, per meglio dire, sono le tesi di filosofia della storia di Benjamin, la volontà di fare a pezzi l’idea di un continuum del tempo nel luogo del presente in cui si costruisce la storia, la sua contingenza come l’adesso nel quale sono disseminate ed incluse schegge del tempo messianico, ovvero il gesto che riattiva nell’opera la memoria dei dimenticati, che offre loro la possibilità del riscatto e corrisponde all’esigenza di giustizia di un’azione incompiuta che attende di essere ripresa, a consegnarci il potere delle chiavi per entrare nelle remote stanze “in cui si ingrassa et ripulisce” la politica dalla tentazione del conformismo come da ogni immedesimazione emotiva con la storia dei vincitori. Ecco una pratica comune a costituire la vita come una forma di vita. Compito di un soggetto storico, ma anche operazione attraverso la quale il passato che sembrava in sé chiuso ed inaccessibile, nella sua morta rappresentazione, si rimette, per noi, in movimento, ridiventa possibile, virtuoso, effettuale, quale figura in luogo di una maschera, per cui sempre di nuovo, la politica si confronta con il mondo storico. Se il colpo di avvio è la corrispondenza con Francesco Vettori, il tocco finale concerne propriamente le schegge messianiche disseminate nell’opera di Machiavelli, su cui il passato degli oppressi ha diritto, cioè la sua idea di redenzione in cui risuona ineliminabile, e senza retorica, l’idea della libertà di Italia. Nel mezzo il confronto con gli interpreti vicini e lontani della lezione del segretario fiorentino da De Sanctis a Croce, da Gramsci a Leo Strauss, da Althusser a Foucault, da Gennaro Sasso a Roberto Esposito. Senza tacere della lingua e dello stile del Principe, fenomeno d’origine della politica moderna.

En el vórtice del origen. Maquiavelo con Walter Benjamin

Domenico Scalzo
2019-01-01

Abstract

El ensayo se propone interpretar algunos principios del pensamiento de Maquiavelo a la luz de la filosofía de Benjamin. El tema del origen de la política constituye el hilo rojo de su argumentación. Un origen inmanente al devenir de la historia, que es el inicio absoluto de una época, que no está separada del tiempo, como su punto remoto e identificable, es decir, como una causa primera capaz de determinar su recorrido posterior, pero que se vincula con la idea de política absoluta elaborada por el secretario florentino: el actuar del conflicto y la libertad de la política, ambas expresiones de la autonomía de la política respecto de la moral, en la que se centran el Príncipe y los Discursos, y que el ensayo desarrolla hasta su punto de catástrofe histórica y teórica —la imposibilidad de la virtud de convertirse en Estado— en cuyo vórtice todo el orden se arruina. Pero es la vida póstuma de la obra de arte política, la supervivencia de lo antiguo —el descubrimiento que hizo Warburg mientras visitaba las salas del Renacimiento florentino, que tanto fascinó a Benjamin a pesar de su encuentro faltante— lo que trae la hora de la legibilidad de Maquiavelo en el umbral del pensamiento en el que, ante el juego de sus contradicciones, la política se desvanece como una imagen dialéctica antes de caer en la red del concepto. O, por decirlo mejor, son las tesis de la filosofía de la historia de Benjamin, la voluntad de desgarrar la idea de un continuum del tiempo en el lugar del presente en el que se construye la historia, su contingencia como el ahora en el que se encuentran diseminados fragmentos del tiempo mesiánico, o el gesto que reactiva en la obra la memoria de los olvidados, que les ofrece la posibilidad de redención y corresponde a la exigencia de justicia de una acción inconclusa que espera ser retomada, para entregarnos el poder de la llaves para entrar en las recámaras remotas “donde se engrasa y se pule” la política tanto de la tentación del conformismo como de cualquier identificación emotiva con la historia de los vencedores. He aquí una práctica común para constituir la vida como una forma de vida. La tarea de un sujeto histórico, pero también una operación a través de la cual el pasado que parecía en sí cerrado e inaccesible, en su representación muerta, vuelve a ponerse, para nosotros, en movimiento, vuelve a ser posible, virtuoso, efectivo, como figura en lugar de una máscara, para la que siempre de nuevo, la política se enfrenta al mundo histórico. Si el giro inicial es la correspondencia con Francesco Vettori, el broche final propiamente dicho concierne a los fragmentos mesiánicos esparcidos en la obra de Maquiavelo, a los que tiene derecho el pasado de los oprimidos, es decir, su idea de redención en la que resuena ineliminable, y sin retórica., la idea de la libertad de Italia. En el medio la comparación con los intérpretes cercanos y lejanos de la lección del secretario florentino de De Sanctis a Croce, de Gramsci a Leo Strauss, de Althusser a Foucault, de Gennaro Sasso a Roberto Esposito. Por no hablar del lenguaje y estilo del Príncipe, fenómeno del origen de la política moderna. (Abstract in Italiano): Il saggio si propone di interpretare alcuni motivi del pensiero di Machiavelli alla luce della filosofia di Benjamin. Il tema dell’origine della politica costituisce il filo rosso della sua argomentazione. Un’origine immanente al divenire della storia, che è inizio assoluto di un’epoca, che non è separata dal tempo, come un suo punto remoto e identificabile, cioè come una causa prima capace di determinare il percorso successivo, ma ha da fare con l’idea della politica assoluta elaborata dal segretario fiorentino: l’agire del conflitto e della libertà della politica, espressione entrambi dell’autonomia della politica dalla morale, che il Principe e i Discorsi mettono a tema, e che il saggio svolge fino al loro punto di catastrofe storica e teorica - l’impossibilità della virtù di farsi Stato - nel cui vortice ogni ordine rovina. Ma è la vita postuma dell’opera d’arte politica, la sopravvivenza dell’antico - la scoperta che Warburg fece visitando le stanze del Rinascimento fiorentino, che tanto appassionò Benjamin nonostante il loro incontro mancato – che reca l’ora della leggibilità del pensiero di Machiavelli sulla soglia del pensiero in cui, davanti al gioco delle sue contraddizioni, la politica guizza via come un’immagine dialettica prima di cadere nella rete del concetto. O, per meglio dire, sono le tesi di filosofia della storia di Benjamin, la volontà di fare a pezzi l’idea di un continuum del tempo nel luogo del presente in cui si costruisce la storia, la sua contingenza come l’adesso nel quale sono disseminate ed incluse schegge del tempo messianico, ovvero il gesto che riattiva nell’opera la memoria dei dimenticati, che offre loro la possibilità del riscatto e corrisponde all’esigenza di giustizia di un’azione incompiuta che attende di essere ripresa, a consegnarci il potere delle chiavi per entrare nelle remote stanze “in cui si ingrassa et ripulisce” la politica dalla tentazione del conformismo come da ogni immedesimazione emotiva con la storia dei vincitori. Ecco una pratica comune a costituire la vita come una forma di vita. Compito di un soggetto storico, ma anche operazione attraverso la quale il passato che sembrava in sé chiuso ed inaccessibile, nella sua morta rappresentazione, si rimette, per noi, in movimento, ridiventa possibile, virtuoso, effettuale, quale figura in luogo di una maschera, per cui sempre di nuovo, la politica si confronta con il mondo storico. Se il colpo di avvio è la corrispondenza con Francesco Vettori, il tocco finale concerne propriamente le schegge messianiche disseminate nell’opera di Machiavelli, su cui il passato degli oppressi ha diritto, cioè la sua idea di redenzione in cui risuona ineliminabile, e senza retorica, l’idea della libertà di Italia. Nel mezzo il confronto con gli interpreti vicini e lontani della lezione del segretario fiorentino da De Sanctis a Croce, da Gramsci a Leo Strauss, da Althusser a Foucault, da Gennaro Sasso a Roberto Esposito. Senza tacere della lingua e dello stile del Principe, fenomeno d’origine della politica moderna.
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